Como han hecho, mujer, para formarte,
qué materia crearon, que sustancia
que almizcle, regaliz, y qué fragancia
que sólo puedo verte y venerarte.
Tu piel, pétalo y sol, que me provoca.
por llegar hasta tí y en tí fundirme.
Tu mirada infinita me hace hundirme
en marea letal de pasión loca.
Mas no es para mi bien -lo sé- tenerte,
ni te tengo realmente. No me engaño.
Por las noches, envuelto en mortal paño
te siento muy lejana y veo la muerte.
Me pides por estrellas y alimañas,
prometiendo venturas infinitas;
y, gata predadora, tú me engañas
y juegas a bendita y a maldita.
Me llevas al altar, luego a la fosa.
Como un enloquecido que creó y deshizo,
me brindas desmesura, ya culposa.
No eres obra de Dios. El Diablo te hizo.
Pero sigue mujer, ponme el cilicio,
dame acíbar y miel, y la clepsidra
mi tiempo medirá, goce y suplicio,
hasta el beso final, el de la hidra.
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